Historia

El Colegio de Abogados de Lucena fue creado en el año 1870. El primer Decano del que existe constancia documental fue D. Luis Miguel Reina López.

Son Colegiados de Honor, D. Manuel Moreno Luque, D. Eugenio Gay Montalvo y D. Juan Antonio Carrillo Salcedo, Decano Honorario D. Manuel González Aguilar y Decano Emérito D. Luis Beato García.

El Día 21 de Diciembre de 1996 se inauguró la nueva sede colegial, por el entonces Presidente del Consejo General de la Abogacía, D. Eugenio Gay Montalvo, siendo Decano D. Luis Beato García.

En 1996, mediante Acuerdo Plenario del Excmo. Ayuntamiento de Lucena, se concedió a este Colegio de Abogados la Medalla de Oro de la Ciudad.

En el año 1997 se constituyó la Agrupación de Abogados Jóvenes.

En 2001 se fundó la revista colegial "Considerando".

En este mismo año edita papel de uso profesional.

En 2002 constituye su propia Obra Social.

En enero de 2004 comenzó a funcionar el presente portal web.

El Colegio de Abogados de Lucena está bajo el patronazgo de María Santísima de Araceli y de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

A continuación, por su importancia histórica, se reproduce íntegramente y respetando toda su dicción, el discurso pronunciado por el Decano de la facultad D. Juan José de León, con motivo de la instalación del Ilustre Colegio de Abogados de Lucena:


"Señores:

En estos instantes solemnes en que el alma experimenta emociones tan puras y alagueñas, como profundas y conmovedoras el corazón está mas dispuesto á sentir que el cerebro á meditar. Por eso no espereis de mi un discurso en estos momentos que debemos dedicar al plácido y tranquilo gozo, á la mas completa y reciproca alegria; aquel y esta embargan mi sentido y mi pobre palabra solo acertará á espresaros la satisfacción inmensa de que me hallo poseído.
Sí: satisfacción y satisfacción inmensa, indescriptible, me anima hoy al ver á nuestra querida Lucena, dár un paso gigantesco en la hermosa via del progreso y la civilización congregando bajo un símbolo comun y grandioso, á aquellos de sus esclarecidos hijos que han consagrado y consagran, los mejores días de su vida al detenido y concienzudo estudio de la nobilísima ciencia del derecho.
Satisfacción y satisfacción indecible, de ver entre nosotros á los distinguidísimos y preclaros jurisconsultos de la culta ciudad de Cabra, de esa ciudad, que, mal que pése á los instintos de rivalidad y egoismo del vulgo, es y siempre será para las personas ilustradas, cariñosa hermana de la nuestra, como elocuentemente lo acredita, el nuevo y fraternal lazo que une desde ahora á los Letrados de ambas localidades.
Satisfacción y satisfacción inexplicable, al contemplar que tantos y tan insignes Jurisconsultos se apresuran á seguir las huellas de sus célebres predecesores, poniéndose al amparo divino, bajo la tutelar egida del virtuosisimo varon é inimitable Obispo de Hipona de quien se ha dicho, que es el mas Santo entre los Sabios, y el mas sabio entre los Santos; á la manera que en tiempos mas remotos, durante el reinado de Felipe 2º, se erigió el Colegio de Abogados de Madrid para gloria de la clase á que pertenecemos, bajo el poderoso y benéfico patrocinio de Nuestra Señora de la Asunción y conmemoración de San Ibo.
Satisfacción en fin la mas acabada y completa, porque nos hallamos rodeados de nuestras dignísimas autoridades judiciales, eclesiásticas, administrativas y militares, que tan eficazmente han cooperado á prestar ostentación y brillo á esta solemnidad; porque tenemos á nuestro lado la inteligente y honrosa Curia de este Juzgado, auxiliar poderosísimo e indispensable en el desempeño de las tareas de la augusta profesión que ejercemos; y porque á nuestro alrededor se ha agrupado la ciudad entera ganosa de manifestarnos sus simpatias y de solemnizar con su presencia el acto religioso que acaba de terminar y que ha aumentado en esplendor y belleza, por la concurrencia de las hermosas y bellas hijas de este suelo privilegiado.
Ved. Señores, si existen sobrados motivos al júbilo que alienta y vivifica, como el mio, el corazon vuestro, difundiendo en todos la identidad de miras que produce la union, como ésta engendra á su vez el poder, la fuerza, y, lo que es de mas inapreciable valor, la solidaridad de intereses profesionales -considerada esta frase en su mas elevada y noble acepción- mediante la cual nos identificarémos en el amor de la ciencia: cumpliremos el deber que pesa sobre los que conocen la verdadera doctrina que consiste en propagarla incesantemente desplegando en todos nuestros actos, en nuestras funciones todas, aquella rectitud de intenciones, que de la verdad contra el error, de la luz contra las tinieblas.
Así prepararemos en nuestra esfera, y en cuanto podamos, el advenimiento del dia venturoso, en que agotadas y dilucidadas con seguro criterio, las tésis y antítesis posibles, se presente la gran síntesis del saber humano, ó sea la ciencia, que, como la verdad de quien recibe su ser y su vida, es una, sola é indivisible. He dicho. Lucena, 4 Diciembre 1870
".

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